No es exagerado decir que los jóvenes cartageneros se robaron el show. No es exagerado decir que los jóvenes cartageneros se robaron el show.

Cartagena Festival de Música: el color local aprovecha sus espacios

En el imponente marco del puerto, la Orquesta Sinfónica de Cartagena sumó una necesaria cuota local y juvenil en el festival con un repertorio que miró a Colombia y a Latinoamérica. El proceso completa tres años y debe seguirse robusteciendo, pero ya satisface.

2020/01/09

Por Alejandro Pérez

Hay mucho por aplaudirle a la Sinfónica de Cartagena, un proyecto que completa tres años y que reúne a talentos musicales de la ciudad en torno a la música clásica. Su mera existencia, vale anotar, responde sin titubeos a una inclusión y una semilla a futuro que se le pide al evento. 

Hay mucho por reforzar a nivel grupal y a nivel individual en cada uno de estos jóvenes provenientes de decenas de barrios de la ciudad, y todos los eslabones involucrados en el proceso lo tienen claro. Pero en un evento como este, cuyos escenarios usualmente habitan la cultura europea, dio gusto ver otros tonos de piel y escuchar otros sonidos más locales en los escenarios. El valor simbólico de esa presencia y de esas obras no es menor.

Dirigida por Juan Pablo Noreña, la Orquesta Sinfónica de Cartagena tocó un repertorio ágil y entretenido que incluyó piezas de Jobim, de Piazzolla, de Lucho Bermúdez y más. Niños y adolescentes sintieron los ojos del público y del país encima (se vio por televisión nacional) y no desentonaron. De hecho, emocionaron. Más allá de lograr interpretaciones perfectas, transmitieron compromiso, dedicación y pasión. En mi caso, quedé con ganas de más...

Luego del concierto inicial, era la misión del Prague Cello Quartet cerrar la noche. Su propuesta, explicaron ellos mismos, navega entre grupo musical y cuarteto y explica un repertorio que versiona canciones de, entre otros, Manuel María Ponce, Andrew Lloyd Webber, Coldplay, Queen y Metallica. A destacar su ejecución virtuosa, claro, y también su manera interesante de usar el instrumento de cuerdas como percusión.

Pero curiosamente, por más que los cellistas checos lo hicieron bien y trataron de conectar con el público presentando sus escogencias con base en anécdotas y explicaciones personales, la Sinfónica y sus jóvenes se habían robado el show. Punto para Cartagena.

Algunas postales de la noche

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