| 10/1/2019 10:00:00 AM

La gran encuesta literaria de Colombia: una columna de Nicolás Morales

"Ciento seis personas –críticos, profesores, expertos– nos regalaron un bocado digno de un concilio cardenalicio de las letras. En efecto, escogieron doscientos libros que en dos siglos de independencia y, en su concepto, conforman nuestro patrimonio nacional literario".

"Ciento seis personas –críticos, profesores, expertos– nos regalaron un bocado digno de un concilio cardenalicio de las letras. En efecto, escogieron doscientos libros que en dos siglos de independencia y, en su concepto, conforman nuestro patrimonio nacional literario". "Ciento seis personas –críticos, profesores, expertos– nos regalaron un bocado digno de un concilio cardenalicio de las letras. En efecto, escogieron doscientos libros que en dos siglos de independencia y, en su concepto, conforman nuestro patrimonio nacional literario".

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Ciento seis personas –críticos, profesores, expertos– nos regalaron un bocado digno de un concilio cardenalicio de las letras. En efecto, escogieron doscientos libros que en dos siglos de independencia y, en su concepto, conforman nuestro patrimonio nacional literario. La iniciativa fue de un grupo de masoquistas liderados por el diario La Patria con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Pereira, la Universidad de Caldas y la Radio Nacional de Colombia. Las obras fueron escalafonadas según el número de votos de los jurados, lo que a la postre armó una lista deliciosa, movida, pero sobre todo diciente de nuestro ánimo canónico literario actual, con sorpresitas, trampas y cosas dignas de contar. Sobra toda la intención de desvalorizar esta lista por subjetiva. Obvio que lo es. Pero a mi juicio es la encuesta más completa que sobre literatura se ha hecho en Colombia recientemente.

García Márquez no es el rey supremo. La vorágine (número 1 con 90 votos) es el primer libro del listado más popular del mundo mundial colombiano. ¡Grande José Eustasio Rivera! Gabo logra un segundo lugar con –obvio– Cien años de soledad (88). Sorprende esta segunda casilla. Pero, atérrense, el nobel no solo no pone el campeón, sino que sorprendentemente no mete otro libro en el top 10. En su orden van: La tejedora de coronas (3), María (4), La casa grande (5), ¡Que viva la música! (6), Cóndores no entierran todos los días (7), Changó, el gran putas (8), Morada sur (9) y Cuatro años a bordo de mí mismo en el puesto 10. Pucha, ¿estará envejeciendo García Márquez? El coronel no tiene quien le escriba ocupa la casilla 18, y El otoño apenas la 26. Sin embargo, el prodigio de Aracataca es imbatible en número de libros: nueve en total. O sea, es el autor que tiene el mayor número de votos en su conjunto, como lo anota Rigoberto Gil. O sea, Gabo es Gabo.

Los primeros, puro canon, aunque hay mix. En los veinte primeros libros hay cositas obvias y no tan obvias de nuestra botica canónica literaria. El libro que va de noveno es el primero de poesía de todo el listado, Morada al sur, de Aurelio Arturo; el 11 es el primero de autoría de una mujer, Estaba la pájara pinta, de Albalucía Ángel. Tres libros más modernos ocupan buenas posiciones: Sin remedio (13), El olvido que seremos (17) y El ruido de las cosas al caer (19). El libro de Caballero es la primera obra realmente contemporánea del listado, Héctor Abad pone el primer libro de no ficción y la novela de Juan Gabriel es el primer libro del siglo XXI de todo este mosaico.

Contemporáneos estos son. Muy recientes –es decir, de esta década– no son tantos: La luz difícil (25), Tríptico de la infamia (45), La perra (63), La siempreviva (82), Después y antes de Dios (86), La forma de las ruinas (111), El museo de la calle Donceles (127), Tres ataúdes blancos (138), Somos luces abismales (166), Un mundo huérfano (183) y Razones para desconfiar de sus vecinos (196). ¡Es el minicanon de la década!

Los increíbles, pero poco populares. Me sorprendió que dos obras capitales hubieran acumulado pocos votos: En diciembre llegan las brisas, de Marvel Moreno (39), y la muy notable novela El patio de los vientos perdidos, de Burgos Cantor (142). Ahí hay injusticia electoral clarita, pues incluso Lo amador del mismo autor cartagenero está mucho antes, siendo menos interesante, digo yo.

Ausentes. Hay un grupito de libros que no está y me pareció triste. No hablo de autores recientes que están ausentes por nuevos; hablo de autores de más tiempo. Propongo cuatro autores injustamente ignorados: Helena Iriarte, Rafael Maya, Fernando Ponce de León y Plinio Apuleyo Mendoza. Seguro los lectores propondrán más.

Chicas, como siempre, pocas. De doscientos registros, para las chicas solo hubo trece. Albalucía Ángel y Marvel son las únicas que repiten, lo que me extraña, pues esperaba ver por lo menos dos novelas de Laura Restrepo, de la que solo clasifica una: La novia oscura (159). Hay otras importantes: Fanny Buitrago, Carolina Sanín, Yolanda Reyes y Helena Araújo. Es curioso que haya mucho más de no ficción con Piedad Bonnett, Emma Reyes y María Teresa Ronderos.

No ficción: hay de todito. Excluyendo el ensayo (donde afortunadamente estaba Nicolás Gómez Dávila, entre otros), el periodismo logra poner más nombres con Germán Castro Caycedo (dos libros), Luis Tejada Cano, Gustavo Colorado, Juan Miguel Álvarez y el gran Alberto Salcedo, por supuesto, con dos obras: La eterna parranda y El oro y la oscuridad.

Autores que renacen. Injustamente proscritos por sus familias, albaceas o editoriales, unas novelas reflotan después de estar sumergidas: Un beso de Dick, El hostigante verano de los dioses y tres novelas de R. H. Moreno-Durán. Y digámoslo clarito: Álvaro Mutis recupera su grandeza con varios libros en el listado.

Los desconocidos a redescubrir. Esta lista tiene la virtud de revivir una decena de libros que han desaparecido de nuestra memoria literaria. Menciono algunos: Manuela, de Eugenio Díaz; Risaralda, de Bernardo Arias Trujillo; El alférez real, de Eustaquio Palacios; Catalina, de Elisa Mújica y un poemario que adoré, Este lugar de la noche, de José Manuel Arango.

Por último, fue bonito ver obras de Celso Román, Candelario Obeso, Arturo Álape, Alonso Sánchez Baute o Próspero Morales, mi tío abuelo. Por supuesto, hay unos libros que odié ver en el listado. Tampoco hago la lista de decenas de autores que no recibieron ni un voto. Cuatro o cinco de esos son los reyes de las ventas en Colombia, pero no parecen ser de valor. Pero no los citaré porque por estos días soy solo piropos, amor y belleza, como la mayoría de obras de este listado, que puede ser consultado en internet.

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