| 12/4/2019 12:00:00 AM

Un presidente y una portada: una columna de Sandra Borda

“La revista (Semana) tomó la misma decisión que tomó el presidente Duque: prefirió escoger como representación de la jornada del jueves a los violentos”.

“La revista (Semana) tomó la misma decisión que tomó el presidente Duque: prefirió escoger como representación de la jornada del jueves a los violentos”. “La revista (Semana) tomó la misma decisión que tomó el presidente Duque: prefirió escoger como representación de la jornada del jueves a los violentos”.

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La manifestación social, con frecuencia, tiene dos caras. La cara normalmente mayoritaria de aquellos que caminan pacíficamente, y la otra cara, la violenta, que es minoritaria, pero siempre termina haciendo más ruido. La violencia siempre será más atractiva que las marchas pacíficas porque escandaliza e indigna.

Sin embargo, creo que el destinatario principal del mensaje de los manifestantes (el Gobierno) y aquellos que lo transmiten en diferido (los medios) cuentan con el poder de decidir cuál de estas dos caras deciden privilegiar como interlocutor. Se trata de una decisión de naturaleza política y, por tanto, resultado de un cálculo costo-beneficio.

Las manifestaciones del 21 de noviembre fueron masivas, en su mayoría pacíficas, y enviaron mensajes claros y contundentes. No obstante, la reacción del presidente Duque en su alocución fue la de entablar un diálogo directo con quienes hicieron uso de la violencia, con los denominados “vándalos”. En ese primer discurso, un puro discurso de orden público, tomó la decisión de mencionar en un muy segundo lugar a las grandes mayorías pacíficas y dirigirse casi que exclusivamente a los poquísimos vándalos que dieron al traste con la marcha ya casi al cerrar la tarde del 21.

Pero el presidente no fue el único. La revista Semana (que pertenece a la misma casa editorial de ARCADIA) decidió publicar una portada en la que solo aparecen encapuchados y miembros del Esmad, enfrascados en una batalla campal, en medio del humo y el caos. Es una escena que tuvo lugar algo después de las cuatro y media o cinco de la tarde, y que de ninguna forma encapsula o sintetiza el comportamiento de la mayoría de manifestantes durante la mayor parte del día.

La revista tomó la misma decisión que tomó el presidente Duque: prefirió escoger como representación de la jornada del jueves a los violentos. No sé ni puedo saber si Duque y la revista tomaron esa decisión por las mismas razones o si lo hicieron de forma concertada. Supongo y quiero pensar que no. Pero el análisis que sí puedo construir es el de las implicaciones que tiene una decisión presidencial, y otra editorial, para la protesta pacífica y para el futuro de la conversación nacional a la que ha convocado el Gobierno.

Hay una implicación obvia: las demandas de la parte de la ciudadanía (de nuevo, la mayoritaria) que marchó pacíficamente quedan opacadas si toda la atención se centra en la minoría violenta. Me parece normal que un presidente que tiene un 25 % de aprobación, y que apenas está en la mitad de su segundo año de gobierno, intente debilitar a su contraparte de esa forma. El problema es que la estrategia tiene un efecto boomerang: mientras más ignore el Gobierno a los manifestantes pacíficos, más se van a ver obligados ellos a marchar, y a más gente van a estar en capacidad de convocar.

Unos dicen que es preciso poner la casa en orden antes de conversar con los líderes de la sociedad civil, y por eso la atención inicial debe estar puesta en los temas de orden público. Difiero, y al contrario creo que en este país somos expertos en negociar en medio del conflicto, y que la conversación contribuye a que se reduzca la violencia: esto último no es, ni mucho menos, precondición de lo primero.

Pero la estrategia tampoco es buena para los medios. El costo para Semana de tergiversar el mensaje de una protesta tan multitudinaria como la del jueves usando esa portada es altísimo. Las redes sociales ya nos permiten ver en vivo y en directo, a través de los ojos de los ciudadanos mismos, qué sucede en las calles y en las plazas. Hasta la misma transmisión de Citytv nos permitió ser testigos de una jornada predominantemente pacífica.

Entonces, la expectativa de la audiencia es que el medio encuentre formas de representar lo que pasa mediante el uso de imágenes de portada, no que convierta la imagen en una apuesta política desconectada, que tergiversa y manipula la realidad social. Aprecio muchísimo a esta casa porque me ha dado absoluta libertad para expresarme en esta columna sin el más mínimo llamado de atención. Ni uno solo. Por eso hoy siento que puedo formular esta crítica con tranquilidad y sugerir una aproximación diferente a la construcción de las portadas de una de sus revistas.

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